Entrevista a Esther Domínguez, autora de «Chelo Expósito y las cosas de San Martín de Estelas»

Esther Domínguez vuelve a traer al papel a su personaje fetiche: la teniente de la Guaria Civil Chelo Expósito, en una nueva entrega cargada de suspense y mucho sentido del humor. Como en ocasiones anteriores, hemos podido charlar con ella sobre las novedades de esta última entrega.

¿Qué diferencias encontrará el lector entre esta nueva obra y las anteriores aventuras de Chelo Expósito?

En este nuevo volumen, la dotación del cuartel se enfrenta, no solo a homicidios. También hay situaciones que, por desgracia, son muy corrientes, aunque no terminen con la muerte violenta de alguien. Ancianos arrumbados en residencias con familiares que solo se acuerdan de que existen cuando creen que la posible herencia puede peligrar o ancianos estafados. Otros no son tan trágicos como la divertida carrera desenfrenada de una familia que corre tras una herencia o una pareja que chapotea en un proceso de divorcio un poco complicado. No se necesita un cadáver para poner a la dotación a trabajar ni para escribir un relato de género negro.

Ya son varios libros protagonizados por la teniente, ¿cómo ha cambiado el personaje? ¿Notas su evolución?

Por supuesto. Es imposible no cambiar con el paso del tiempo. Chelo tiene un trabajo duro que pone ante sus ojos el dolor y la indefensión de las víctimas, la crueldad del delincuente o la indiferencia del que, pudiendo poner fin a una situación insoportable, prefiere mirar para otro lado. Estar en contacto con ese lado tan peligroso de los humanos nunca es fácil y te vuelve desconfiada o, en sus propias palabras, malpensada. En el plano profesional, adquiere una enorme experiencia como investigadora. En el personal, sigue identificándose con las víctimas que entran en su vida y que, nunca terminan de salir de ella.

La autora, Esther Domínguez.

La narrativa mezcla humor, crítica social y elementos de misterios. ¿Cuál es el equilibrio que buscaste entre estos géneros y por qué?

Escribir un relato o una novela es como cocinar. Hay que añadir una serie de ingredientes en cantidades que dependen de qué quieres escribir. En una novela policiaca  tienes que plantear una situación que te obliga a utilizar víctimas – mortales o no. El muerto no es imprescindible –, gente totalmente falta de escrúpulos, algún que otro colaborador necesario y un largo etcétera de detalles para que, todos juntos, formen una tormenta perfecta que desemboque en un delito.

 Yo intento que mis relatos sean realistas. Y, ya que la vida tiene toques negros, otros muy luminosos, gente muy buena y otra tóxica, pues los utilizo, como el cocinero coge de la nevera lo que encuentra y se pone a preparar el plato. De ahí viene esa mezcla de la que hablas. Y el humor es algo al que no me gusta renunciar. Tal vez para equilibrar la historia, como tú dices, o porque, francamente, no estoy por la labor de escribir tragedias.

Algunos personajes secundarios, como Bea, Salgado o Vergara, tienen una voz muy marcada. ¿Hay alguno que te haya sorprendido desarrollándose más allá de lo que esperabas?

Eso es porque la dotación del cuartel forma un equipo muy unido, un barco en el que todos reman en la misma dirección. Nadie pretende colgarse la medalla y, menos todavía, que alguien se quede al margen. Eso puede observarse en las reuniones de puesta en común, cuando aportan lo que van descubriendo y, entre todos, tratan de reconstruir la fotografía donde podrán ver la cara del asesino. — Me niego a utilizar las palabras puzle o rompecabezas— Chelo no es una cazadora solitaria que recoge la información que va llegando, se la apropia y ella sola resuelve el caso y se lleva el mérito. Para nada. Por eso podríamos decir que todos sus compañeros, junto con la forense y los miembros de la Policía Judicial son coprotagonistas de las historias y, de ahí, esa voz marcada en el desarrollo de los relatos.

Y, respondiendo a la pregunta, sí. ¡Por supuestísimo! Te sientas a escribir y tienes un guion, más o menos estructurado. Cuando quieres darte cuenta, los personajes te obligan a cambiar los planes porque comprendes que encaja más lo que acabas de hacerles decir o hacer que lo que habías planeado previamente. ¡No queda más remedio que improvisar!

¿Qué papel crees que juega el humor en una novela policial como esta? ¿Crees que ayuda a suavizar los temas más serios?

A la segunda pregunta, por supuesto. Solo en dos o tres relatos de los casi treinta que llevo escritos con la teniente Expósito como protagonista, he dejado el humor de lado. Una cosa es ver la vida desde un prisma optimista y otra muy diferente es banalizar delitos tan repelentes como la pederastia “Inocencia” (Cerrado cinco minutos); una falsa acusación de asesinato alentada por un fiscal ambicioso,” Una historia muy extraña” (El vampiro del monasterio) o el maltrato que sufre una mujer mayor y sola “La abuela”, (Chelo Expósito y las cosas de San Martín de Estelas) Son temas demasiado serios como para suavizarlos.  No quiero decir que la muerte violenta de una persona sea para tomarla a broma, pero, la verdad es que el género negro oscuro no me gusta demasiado. Prefiero los tonos claros y para eso está el humor. Un buen chiste o una situación más o menos divertida intercalada ilumina un escenario, ya de por sí, tétrico.

En varios pasajes se refleja una crítica a ciertas dinámicas familiares , como el abandono de los mayores o el interés por la herencia. ¿Qué te motivó a explorar estas temáticas?

Sencillamente porque es algo que pasa a diario. Triste pero cierto. Las personas al cargo de las residencias de mayores se pasan el día en los Juzgados porque, ante la sospecha de que el abuelo, tío o padre pueda haber conocido a alguien y estar pensando en casarse, los familiares intentan incapacitar al pariente para blindar lo que ellos consideran su herencia por derecho propio, ignorando que, en la realidad, es el patrimonio de esa persona y que él o ella tienen todo el derecho del mundo a emplearlo como les parezca. Es ese lado negro de los seres humanos que, por desgracia, no solo existe. Es que se extiende a una velocidad…

Las begonias de Chelo tienen un rol casi simbólico en la historia. ¿Qué significado querías transmitir con su presencia constante en el despacho?

Un par de cosas muy sencillas. Por un lado, a Chelo le gusta la jardinería, pero se le resisten las begonias. Por eso, las traslada desde su casa a su despacho,  con la esperanza de que mejoren con el cambio. Y acierta porque se ponen preciosas.  Por otro lado, Chelo está muy sola y, por esa razón, muy habituada a lo que ahora se llama mantener “conversaciones inteligentes” Lo que es lo mismo. A hablar sola. Los comentarios que hace a las plantas, son un toque de humor en una situación triste que acaba bien.

¿Tienes pensado continuar con más casos de Chelo Expósito?

Acabo de empezar una novela con ella de protagonista. Como en los casos anteriores, tengo el plan de trabajo. A ver si no me obliga a cambiarlo como hizo en otras ocasiones.

Chelo Expósito y las cosas de San Martín de Estelas ya está disponible online y en librerías.